Se define como bacteriuria asintomática el aislamiento bacteriano en un urinocultivo, recogido de forma correcta, sin que exista sintomatología urinaria acompañante. En muchas ocasiones la bacteriuria asintomática se asocia a piúria, que tampoco es definitoria de infección urinaria.
Desde el punto de vista epidemiológico, la bacteriuria asintomática incrementa su prevalencia de forma directamente proporcional a la edad, de forma que en mujeres jóvenes tiene una prevalencia del 1% y en mujeres a partir de los 80 años puede oscilar entre el 20-56%. En los hombres su prevalencia en edades jóvenes es poco frecuente, y a partir de los 75 años varía entre el 6-15%. Si el paciente es portador de sonda vesical la prevalencia se incrementa a razón de 3-10% por día de sondaje hasta alcanzar prácticamente el 100% en los pacientes portadores de sonda vesical permanente. La etiología bacteriana de la bacteriuria asintomática no varía respecto a las infecciones urinarias tales como la cistitis o pielonefritis, y el tipo de microrganismo (incluyendo multirresistentes) no es definitoria para iniciar tratamiento antibiótico.
Con relación a su definición, no se recomienda realizar urinocultivo a los pacientes asintomáticos. Sólo es necesario realizar detección y tratamiento de la bacteriuria asintomática en:
- Gestantes: porque está relacionada con incremento del riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer, incremento del riesgo de mortalidad perinatal y eleva el riesgo de diagnóstico de preeclampsia. Después de un primer urinocultivo positivo se recomienda urinocultivo mensual hasta el parto.
- Antes de una intervención genitourinaria invasiva (riesgo de disrupción de la mucosa urinaria) porque eleva el riesgo de bacteriemia y de infección del tracto urinario.
- Trasplante renal: porque durante los 3 primeros meses el riesgo de infección del tracto urinario está relacionada con un elevado riesgo de rechazo del trasplante, por lo que se realiza cribaje y tratamiento durante este período de tiempo.
En el caso de los pacientes portadores de sonda vesical sólo se deberían tratar los episodios con infección sintomática, sin estar indicado el tratamiento antibiótico después de cada recambio, ya que el tratamiento, en pacientes asintomáticos portadores de sonda vesical permanente, no elimina la bacteriuria. Sería necesario cambiar o retirar catéter antes de iniciar tratamiento antibiótico siempre que la durada del catéter sea superior a 7 días.
Como hemos comentado al inicio del post, la bacteriuria asintomática se incrementa con la edad de los pacientes y en función de su lugar de residencia (domicilio, centro de día, residencia…). Pero, a pesar de la elevada prevalencia de bacteriuria en mayores de 65 años, esta no se asocia con una mayor morbilidad ni mortalidad, ni incrementa el riesgo de sufrir infecciones complicadas del tracto urinario. Por otro lado, el tratamiento innecesario si se asocia con importantes efectos adversos, tales como la infección por Clostridium difficile o la aparición de gérmenes menos frecuentes del tracto urinario, que sí suponen una complicación terapéutica y un riesgo (por la poca respuesta terapéutica de la que disponemos) tales como: Staphylococcus aureus meticilinresistente y el incremento de ITUs multirresistentes. Hay que tener en cuenta que, en la gente mayor el 50% de los pacientes tratados presentaran nueva bacteriuria asintomática a los 6 meses del inicio de la pauta antibiótica y que, este hecho aumentará el uso de antibióticos y la selección de cepas multirresistentes.
En definitiva, no se recomienda el tratamiento antibiótico en caso de bacteriuria asintomática y, por lo tanto, tampoco el cribaje en pacientes asintomáticos (a excepción de los casos citados anteriormente) por el riesgo que supone un tratamiento antibiótico innecesario y las comorbilidades y complicaciones que este hecho supone.
